Como la propiedad en EE. UU. se prueba mediante una cadena de escrituras registradas y no por un registro central garantizado, un defecto oculto —una vieja carga impagada, un lindero mal inscrito, una firma falsificada, un heredero desconocido— puede surgir tras la compra. El seguro de título, contratado con una prima única en el closing, indemniza frente a esos defectos preexistentes y financia la defensa jurídica.
Hay dos pólizas: una del propietario que protege su capital, y una del prestamista que protege la hipoteca. Una búsqueda y un examen de título preceden a la póliza, de modo que la mayoría de los problemas se resuelven antes del closing; el seguro cubre lo que la búsqueda no pudo revelar.
En los sistemas de título registrado como Inglaterra y Gales, el propio registro ofrece buena parte de esta protección, pero aún se usan pólizas de indemnización específicas de «título defectuoso» o de «restricción registral» para cubrir un riesgo conocido y acotado y dejar avanzar una venta.